Libros de texto a los cuatro años
Por: Cecilia Jan
El despliegue de material de la foto es el que va a usar este año David en el cole. Con cuatro años, 144,15 euros en libros de texto (Espiral Mágica, de Vicens Vives, tres carpetoncios, uno por trimestre) o "el método", como lo llaman los profesores, más tres cuadernillos de La aventura de los números (Everest) y dos de Letrilandia, cuaderno de escritura (Espiral). En total, 383 fichas, sin contar las del libro de inglés, que aún no me han entregado. El año pasado, con tres años, fue algo menos, porque solo nos mandaron los tres carpetoncios y el de inglés.
Me parece una exageración en todos los sentidos: en el económico, teniendo en cuenta que vamos a un colegio público de un barrio de Madrid de poder adquisitivo medio-bajo (entre los padres y madres, hay parados, inmigrantes, gente que se dedica a la construcción, a la limpieza, teleoperadoras...) y que la Comunidad eliminó las becas de libros de texto para infantil, es decir, que hay que pagar los 144 eurazos a pelo. Y en el pedagógico: me da pena que los niños estén haciendofichas repetitivas en vez de jugando o actividades imaginativas.
En vez de pintar o hacer palotes en folios, recortar revistas viejas o hacer manualidades con cosas recicladas, como han hecho en el campamento en verano, pintan y hacen palotes en una bonita ficha, recortan figuras de una bonita ficha, y hacen manualidades sobre una bonita ficha. Creía que esto era un invento moderno de las editoriales para forrarse, pero no. Consuelo, de la librería-papelería El Quijote, donde compramos los materiales, me cuenta que desde que abrieron, hace casi 22 años, existen esos carpetoncios trimestrales, y que si acaso, han cambiado los formatos. Suelen costar, me dice, unos 30 euros por trimestre, más lo que quiera añadir cada colegio. El mío, parece, es uno de los que más piden. En el de mi compañero de blog, Javi, también público en Madrid y también para cuatro años, se gastan 128 euros en libros: 90 por los de fichas, 28 por el de inglés y otros 10 por el de lectoescritura. Mientras que Clara, en Barcelona, ha comprado por primera vez, para la de cinco años, tres cuadernos que le han costado ¡10,53 euros!
Este es el desglose de lo que va en una de las carpetas: tres cuentos cortitos (formato revistilla), tres blocs de fichas (se llaman unidades) con 20 fichas cada una, una bolsa de plástico con otras 12 fichas, creo que para ocasiones especiales (Día de la Paz, de la Constitución, etc), dos láminas con pegatinas, un "boletín de notas", una "revista de información para las familias" y un CD:
También Natalia, con solo dos años, es una experta en fichas. En su guarde, ya con un año, también tenían sus correspondientes carpetoncios trimestrales, que no sé cuánto cuestan porque nos los cobran en un concepto llamado "material escolar" (180 euros este curso), que incluye además todo el material fungible, un uniforme de invierno (chándal), uno de verano (pantalón y polo) y baby. Su profe, Alba, me explica que hacen una o dos al día, como mucho media hora, y sobre todo de lunes a miércoles (el jueves hay piscina y el viernes están muy cansados y "les cuesta concentrarse").
Le pregunto a la profe de David, María Jesús, con 24 años de experiencia como maestra. Me explica que las fichas son el sistema más cómodo para trabajar con grupos grandes, como en su clase, que tiene 24 niños. "Con más de 20 alumnos, es muy difícil trabajar por proyectos, se pierden muchas cosas", opina. El trabajo por proyectos,que en Madrid siguen pocos colegios (en esta web hay varios en toda España que lo hacen; por desgracia, no tenemos suficientes puntos para entrar en los que tenemos más cerca), consiste en que el profesor o los alumnos eligen un tema, por ejemplo, el espacio, Egipto o los dinosaurios. Y el maestro tiene que hacer que todo el aprendizaje de las distintas asignaturas gire en torno a ese tema. Es, me dice María Jesús,más participativo, y probablemente más satisfactorio también para el profesor. Pero para que funcione bien, explica que los grupos deberían ser como máximo de 15 niños, algo imposible en el sistema educativo español actual.
En clase hacen dos fichas al día, en periodos que duran como máximo media hora. "Aunque parezca que sean muchas, queda mucho tiempo para asamblea, juegos, salir al patio, etcétera", me dice. Sin embargo, se me encoge el corazón los días en los que le pregunto a David, que es uno de los que más tarda en acabar porque según su profe "se distrae mucho" (¡normal, si no tiene ni cuatro años todavía!) que a qué ha jugado, y me dice: "A nada, porque estaba terminando la ficha".
Justo lo que preocupa a Javier Pizarro, educador de una escuela infantil de primer ciclo: "Trabajar por fichas supone que los niños de estas edades deben permanecer sentados en mesas más tiempo del que están preparados para “soportar”, en detrimento de otras actividades que también necesitan, como psicomotricidad gruesa, juego e interacción social. Los niños de estas edades tienen una gran necesidad de movimiento, de juego simbólico, de descubrir, de relacionarse con otros… Muchas de estas fichas solo ofrecen un trabajo mecánico de rellenado, prácticas matemáticas sin sentido, etc. Por eso hay que ser muy exigentes a la hora de elegir un método". Y es que los niños a estas edades aprenden más por experimentación directa que por las explicaciones del profesor.
"Hay que estar muy atento a todos los niños, sobre todos a los más pequeños o los que tienen más necesidad de movimiento y no pueden permanecer sentados más tiempo del necesario, puede que esta metodología les quede demasiado grande", alerta Pizarro. "Las fichas se suelen entregar a todos a la vez, y a veces hay niños que sí están preparados para realizarlas y terminan pronto su trabajo y reciben una valoración positiva e inmediata, pero hay otros niños a los que les cuesta más o aún no están preparados para esta tarea, que al no alcanzar los objetivos que les piden empiezan a sufrir frustraciones", dice.
Pizarro es un firme partidario del trabajo por proyectos, "donde todos pueden aportar, donde los mayores pueden ayudar a los más pequeños, los más pequeños sienten que su implicación es mucho más gratificante, y el adulto ejerce un papel de mediador y de acompañante del proceso muy enriquecedor". Cree que es el método más adecuado para los niños de estas edades, porque "ayuda a aprender, a resolver conflictos, a relacionar aprendizajes, a socializarse, a trabajar en equipo, etc".
Para Pizarro, "las fichas pueden estar bien como complemento a la metodología del día a día, pero no como eje conductor de la vida del aula". "Pueden ser muy útiles para el aprendizaje grafo-motriz, el primer paso para la escritura, pero tampoco conviene abusar".
Para mí, lo único positivo es la ilusión con que nos las enseñan y explican cuando las traen a casa al final de cada trimestre (aunque estoy segura de que nos mostrarían con la misma ilusión un proyecto o cualquier otro trabajo). Y las risas que nos echamos Eduardo y yo cuando David nos describe una por una cada una de las figuras o pegatinas de colores de las series que hacen: "Aquí pinto un tírtulo y un temitírtulo. Tírtulo-temitírtulo. Tírtulo-temitírtulo. Tírtulo-temitírtulo. Tírtulo-temitírtulo...".