domingo, 25 de septiembre de 2011

LIBROS PARA LOS MAS NIÑOS


Libros de texto a los cuatro años

Por: Cecilia Jan
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El despliegue de material de la foto es el que va a usar este año David en el cole. Con cuatro años, 144,15 euros en libros de texto (Espiral Mágica, de Vicens Vives, tres carpetoncios, uno por trimestre) o "el método", como lo llaman los profesores, más tres cuadernillos de La aventura de los números (Everest) y dos de Letrilandia, cuaderno de escritura (Espiral). En total, 383 fichas, sin contar las del libro de inglés, que aún no me han entregado. El año pasado, con tres años, fue algo menos, porque solo nos mandaron los tres carpetoncios y el de inglés.
Me parece una exageración en todos los sentidos: en el económico, teniendo en cuenta que vamos a un colegio público de un barrio de Madrid de poder adquisitivo medio-bajo (entre los padres y madres, hay parados, inmigrantes, gente que se dedica a la construcción, a la limpieza, teleoperadoras...) y que la Comunidad eliminó las becas de libros de texto para infantil, es decir, que hay que pagar los 144 eurazos a pelo. Y en el pedagógico: me da pena que los niños estén haciendofichas repetitivas en vez de jugando o actividades imaginativas.  
En vez de pintar o hacer palotes en folios, recortar revistas viejas o hacer manualidades con cosas recicladas, como han hecho en el campamento en verano, pintan y hacen palotes en una bonita ficha, recortan figuras de una bonita ficha, y hacen manualidades sobre una bonita ficha. Creía que esto era un invento moderno de las editoriales para forrarse, pero no. Consuelo, de la librería-papelería El Quijote, donde compramos los materiales, me cuenta que desde que abrieron, hace casi 22 años, existen esos carpetoncios trimestrales, y que si acaso, han cambiado los formatos. Suelen costar, me dice, unos 30 euros por trimestre, más lo que quiera añadir cada colegio. El mío, parece, es uno de los que más piden. En el de mi compañero de blog, Javi, también público en Madrid y también para cuatro años, se gastan 128 euros en libros: 90 por los de fichas, 28 por el de inglés y otros 10 por el de lectoescritura. Mientras que Clara, en Barcelona, ha comprado por primera vez, para la de cinco años, tres cuadernos que le han costado ¡10,53 euros!
Este es el desglose de lo que va en una de las carpetas: tres cuentos cortitos (formato revistilla), tres blocs de fichas (se llaman unidades) con 20 fichas cada una, una bolsa de plástico con otras 12 fichas, creo que para ocasiones especiales (Día de la Paz, de la Constitución, etc), dos láminas con pegatinas, un "boletín de notas", una "revista de información para las familias" y un CD: 
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También Natalia, con solo dos años, es una experta en fichas. En su guarde, ya con un año, también tenían sus correspondientes carpetoncios trimestrales, que no sé cuánto cuestan porque nos los cobran en un concepto llamado "material escolar" (180 euros este curso), que incluye además todo el material fungible, un uniforme de invierno (chándal), uno de verano (pantalón y polo) y baby. Su profe, Alba, me explica que hacen una o dos al día, como mucho media hora, y sobre todo de lunes a miércoles (el jueves hay piscina y el viernes están muy cansados y "les cuesta concentrarse").
Le pregunto a la profe de David, María Jesús, con 24 años de experiencia como maestra. Me explica que las fichas son el sistema más cómodo para trabajar con grupos grandes, como en su clase, que tiene 24 niños. "Con más de 20 alumnos, es muy difícil trabajar por proyectos, se pierden muchas cosas", opina. El trabajo por proyectos,que en Madrid siguen pocos colegios (en esta web hay varios en toda España que lo hacen; por desgracia, no tenemos suficientes puntos para entrar en los que tenemos más cerca), consiste en que el profesor o los alumnos eligen un tema, por ejemplo, el espacio, Egipto o los dinosaurios. Y el maestro tiene que hacer que todo el aprendizaje de las distintas asignaturas gire en torno a ese tema. Es, me dice María Jesús,más participativo, y probablemente más satisfactorio también para el profesor. Pero para que funcione bien, explica que los grupos deberían ser como máximo de 15 niños, algo imposible en el sistema educativo español actual.
En clase hacen dos fichas al día, en periodos que duran como máximo media hora. "Aunque parezca que sean muchas, queda mucho tiempo para asamblea, juegos, salir al patio, etcétera", me dice. Sin embargo, se me encoge el corazón los días en los que le pregunto a David, que es uno de los que más tarda en acabar porque según su profe "se distrae mucho" (¡normal, si no tiene ni cuatro años todavía!) que a qué ha jugado, y me dice: "A nada, porque estaba terminando la ficha".
Justo lo que preocupa a Javier Pizarro, educador de una escuela infantil de primer ciclo: "Trabajar por fichas supone que los niños de estas edades deben permanecer sentados en mesas más tiempo del que están preparados para “soportar”, en detrimento de otras actividades que también necesitan, como psicomotricidad gruesa, juego e interacción social. Los niños de estas edades tienen una gran necesidad de movimiento, de juego simbólico, de descubrir, de relacionarse con otros… Muchas de estas fichas solo ofrecen un trabajo mecánico de rellenado, prácticas matemáticas sin sentido, etc. Por eso hay que ser muy exigentes a la hora de elegir un método". Y es que los niños a estas edades aprenden más por experimentación directa que por las explicaciones del profesor.
"Hay que estar muy atento a todos los niños, sobre todos a los más pequeños o los que tienen más necesidad de movimiento y no pueden permanecer sentados más tiempo del necesario, puede que esta metodología les quede demasiado grande", alerta Pizarro. "Las fichas se suelen entregar a todos a la vez, y a veces hay niños que sí están preparados para realizarlas y terminan pronto su trabajo y reciben una valoración positiva e inmediata, pero hay otros niños a los que les cuesta más o aún no están preparados para esta tarea, que al no alcanzar los objetivos que les piden empiezan a sufrir frustraciones", dice.
Pizarro es un firme partidario del trabajo por proyectos, "donde todos pueden aportar, donde los mayores pueden ayudar a los más pequeños, los más pequeños sienten que su implicación es mucho más gratificante, y el adulto ejerce un papel de mediador y de acompañante del proceso muy enriquecedor". Cree que es el método más adecuado para los niños de estas edades, porque "ayuda a aprender, a resolver conflictos, a relacionar aprendizajes, a socializarse, a trabajar en equipo, etc".
Para Pizarro, "las fichas pueden estar bien como complemento a la metodología del día a día, pero no como eje conductor de la vida del aula". "Pueden ser muy útiles para el aprendizaje grafo-motriz, el primer paso para la escritura, pero tampoco conviene abusar".
Para mí, lo único positivo es la ilusión con que nos las enseñan y explican cuando las traen a casa al final de cada trimestre (aunque estoy segura de que nos mostrarían con la misma ilusión un proyecto o cualquier otro trabajo). Y las risas que nos echamos Eduardo y yo cuando David nos describe una por una cada una de las figuras o pegatinas de colores de las series que hacen: "Aquí pinto un tírtulo y un temitírtulo. Tírtulo-temitírtulo. Tírtulo-temitírtulo. Tírtulo-temitírtulo. Tírtulo-temitírtulo...". 
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REFLEJO DE PADRE A HIJ@


Cuando te ves reflejado en tus hijos (y no te gusta)

Por: Cecilia Jan
Comer 
La otra noche, David (casi cuatro años) terminó pronto de cenar, y decidió darle de comer a Natalia (dos años y medio), que estaba remoloneando con los ñoquis. Entre las frases que le decía, con fingido aire enfadado, estaban: 
- No escupas. Como vuelvas a escupir, te vas a la esquina.
- ¿Has terminado de comer? Abre la boca. Come. Uno, dos, tres y cuatro. Come.
- Si no comes, entonces te va a entrar hambre.
Eduardo y yo nos mirábamos con una mezcla de risa contenida y vergüenza. Y es que David nos estaba retratando, repitiendo frases que les decimos, y de las que, en frío, no nos enorgullecemos. Sólo le faltó añadir un clásico de su padre: "Si no comes, no vas a encontrar pareja".
También hay días en los que los dos juegan a que están embarazados de sus muñecos, que van al hospital a dar a luz y que les dan la teta, como me ven hacer con Elisa. Ayer, Natalia dijo: "Cuando sea mayor, quiero tener pelos en las orejas y en los hombros, como papá". Y es quenuestros hijos son con frecuencia el espejo en el que vernos como padres, para lo bueno, lo malo y lo regular.
Lo que me recuerda un párrafo que he leído recientemente en Bésame mucho, de Carlos González:
Los niños criados con cariño y respeto son cariñosos y respetuosos. No todo el rato, por supuesto, pero sí la mayor parte del tiempo. Ésa es su tendencia natural, pues en el ser humano la cooperación con otros miembros del grupo es tan natural como el andar o el hablar. Para conseguir que los niños se vuelvan agresivos, tenemos que empujarles de alguna manera, apartarles del camino normal. Los niños "educados" a gritos gritan. Los niños "educados" a golpes pegan".
Todas las mañanas, hago propósito de enmienda y de ser más cariñosa y respetuosa y de enfadarme y gritar menos. Porque, como se describía mi compañera Clara Blanchar, lo mío también es "carlosgonzalismo semidesnatado", y pierdo los nervios más veces de las que desearía. 
¿Y vosotros, os habéis visto reflejados en vuestros hijos? ¿Os ha gustado la imagen?
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sábado, 24 de septiembre de 2011

EL ABUSO DEL TELEFONO MOVIL


SOCIEDAD

«Con el tiempo, usar el móvil será como fumar: la gente sabrá que es nocivo y se pensará si hacerlo»

Tras ocho años en el negocio de la telefonía, Nino Treusch se pregunta en su obra «El conejo blanco» si realmente conocemos los verdaderos peligros de utilizar este tipo de aparatos

Día 20/09/2011 - 06.19h
«Con el tiempo, usar el móvil será como fumar: la gente sabrá que es nocivo y se pensará si hacerlo»
EFE
Cuando la Organización Mundial de la Salud alertó en junio sobre los«posibles» efectos nocivos derivados del uso del teléfono móvil, ese aparato tan común en nuestro día a día pasó a convertirse de repente en el centro de un debate científico y social: ¿Supone un verdadero motivo de alarma o se trata más bien de puro alarmismo? Aunque hubo quienes tildaron de exagerado ese aviso, alegando que los estudios realizados no proporcionaban información nueva ni relevante, lo cierto es que la rotundidad con la que tanto la OMS como la Agencia Internacional de Investigación del Cáncer advirtieron del riesgo de desarrollar un tumor cerebral tras el uso «intenso y continuado» del móvil fue digerida entre el temor y escepticismo.
Con ese debate sobre la mesa, el escritor Nino Treusch reflexiona en su libro «El conejo blanco» (Editorial Planeta) sobre los efectos que las ondas electromagnéticas pueden producir en la salud, intentando encender nuevamente la discusión acerca de un problema que «algún día podría convertirse en algo real». El libro narra la historia de Jan Tes, contratado por una multinacional de telefonía móvil que acabará siendo su peor pesadilla cuando, a los pocos días de incorporanse al puesto, sea testigo accidental de una conversación que, en caso de revelarse, generaría un enorme daño a la industria telefónica.
«Tras varios años trabajando leí un informe que advertía de los riesgos de este tipo de radiaciones en las células. No soy médico, pero las conclusiones del estudio fueron realmente chocantes para mí, empecé a preguntarme qué pasaría si todos esos datos eran ciertos y comencé a mirar este negocio con otros ojos», explica el autor, un gerente de telefonía convertido en escritor tras una experiencia de ocho años en el negocio.

«Batalla perdida»

El autor tiene claro que los efectos de este tipo de ondas no tienen «una repercusión de la noche a la mañana, sino que sus efectos se van notando con el paso de los años». Y es este largo plazo lo que para Treusch supone la gran barrera en la lucha contra sector: «No se puede limitar el uso de los teléfonos cuando la sociedad no está viendo los efectos que producen, y cuando no los verán hasta dentro de bastante tiempo. No tenemos estudios contundentes sobre los peligros, ni tampoco una norma que diga que utilizar el móvil es dañino. La tecnología ha avanzado más rápido que la ciencia, y hasta que la investigación no crezca en este sentido estaremos en una batalla perdida».
Es por ello por lo que Treusch considera «totalmente legítimos» los perjuicios ante la para muchos alarmante clasificación de las ondas generadas por los teléfonos móviles. «La gente quiere escuchar que el móvil es peligroso, pero eso ahora es imposible porque no hay estudios claros al cien por cien». Aunque los hubiera, para Treusch el hecho de limitar o no el uso del móvil sería, en cualquier caso, una decisión difícil de tomar para cualquier Gobierno.
«Hay que comparar el uso excesivo del móvil con fumar un cigarrillo: algún día la gente sabrá que es malo y entonces se pensarán si lo usan o no». Es por eso que el autor de «El conejo blanco» cree que «somos nosotros quienes tenemos que decidir poner freno a elementos que son perjudiciales para el organismo. Estamos acostumbrados a que el Gobierno ponga las reglas, pero este tipo de decisiones solo están en manos del consumidor».

Riesgo en niños

Lo que sí deja cree Treusch que es responsabilidad del Gobierno es la prevención y prohibición del uso del móvil entre la población infantil. «Los efectos de las ondas electromagnéticas en niños de menos de 10 años son mucho mayores, por lo que sería crucial que se hiciera una legislación al respecto, o como mínimo campañas de sensibilización».
A esa misma conclusión llegaron la semana pasada los ponentes en el 23º congreso Mundial de la Sociedad Internacional de Epidemiología Ambiental, que aseguraron que el uso del móvil puede producir cáncer en los niños, debido al tamaño más pequeño de su cerebro, algo que los hace más susceptibles a las ondas nocivas. Los expertos aconsejan el uso de auriculares o altavozpara no mantener el aparato en contacto con la oreja.
«Quiero que la gente comience a hacerse preguntas, que reaccionen y vean que, aunque es un trabajo de fantasía, no está muy alejado de una más que posible realidad», conluye Treusch.