lunes, 26 de septiembre de 2011

HABLAR OTRO IDIOMA


Imprescindible no saber idiomas

26SEP201109:31
-¿Pero usted acabó la carrera? –le pregunta asombrado.
-No, la verdad. Me queda una –miente.
-Ah, bien. Porque con carrera yo no le puedo hacer este contrato, ¿eh?
Mi amigo ahora está trabajando después de seis meses deambulando de un lado a otro enseñando su formación académica sin enterarse de nada. “En un bar me dijeron que cómo iban a tener a un licenciado en Económicas poniendo cervezas”. Sin embargo allí sí están bien vistos los licenciados en Educación Física, según cuenta. “No deben de tomarse en serio lo de la gimnasia, o creen que con ellos pueden hablar de fútbol, yo qué sé”. Y según paseamos aquel día me enseña al menos un par de bares en los que hay jóvenes que trabajan poniendo pinchos de forma muy elástica, con un cuerpo de impresión, mientras esperan a que salgan las oposiciones. Las filólogas, sin embargo, han encontrado acomodo en las cajas de los supermercados. Los biólogos en la fotografía experimental y los abogados en Twitter.
Lo que se lleva ahora es rebajar el curriculum o hacerlo desaparecer directamente si el trabajo al que se aspira lo requiere. Imprescindible no saber idiomas. Nada de esto sabe mi amigo, al que le dije que la prensa lleva publicando varios años los casos de gente que maquilla a peor su expediente para poder aspirar a seiscientos euros. Con la crisis no sólo vamos tener que trabajar más para ganar menos, sino que hay que aparentar un cierto analfabetismo, incluso en los modales. Quiere decirse que en la entrevista de trabajo no basta con descartar títulos y doctorados, sino también construcciones verbales demasiado trabajadas y palabras que contengan más de dos sílabas, eligiéndolas llanas o agudas, ya que en la esdrújula suele delatarse uno.
Hace años un amigo intentó engañar a Caixanova presentándose como licenciado y hacer así las sustituciones de verano. Habló correctamente el tiempo que pudo, que suele él mismo cifrar en veinte minutos, y cuando terminó mantuvo la boca cerrada mientras la mujer de recursos humanos le preguntaba si prefería venir a buscar la documentación o enviársela por correo electrónico. La respuesta fue antológica: “¡Si usté me la mandare!”. Eran otros tiempos. Ahora el ejemplo que se le está dando a los estudiantes es que hay que suspender si se quiere llegar a algo. Hacerse a sí mismos sin mariconadas como la Universidad. Uno imagina a esos alumnos tratando de poner la mayor barbaridad en un examen y no puede sentir sino plena envidia. Copiándose, por Dios, las respuestas incorrectas.
-¿Qué sacaste?
-Un 3,5.
-¡Yo un 2!
Y el clásico temor a los padres al llegar a casa.
-¿Tú a dónde quieres ir con aprobados? Qué pretendes, ¿tener más estudios que tu jefe?

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